Siempre he pensado que mis padres pusieron mucho esmero en el coctel genético que le heredaron a mis dos hermanos mayores (alcanzándoles así lo mejorcito del patrimonio Villanueva – Samudio) mientras que conmigo les dio un huevo de pereza y me dejaron poco menos que los saldos sobrantes de los genes familiares. Esto resultó en un ser humano bastante falladito. Demás está decir que los procesos de selección natural han intentado eliminarme del planeta en múltiples ocasiones (¡dios no quiera que me reproduzca!) pero sus intentos han sido infructuosos ya que, contra viento y marea, yo sigo aquí.
Y ustedes se preguntarán, ¿por qué digo esto? Y yo les respondo, pues porque es la verdad. Nací con el conducto naso-lacrimal obstruido. A los dos años me dio una infección al riñón que casi me lleva a la tumba y, en el proceso de curación, mis padres descubrieron que soy alérgica a las sulfas por lo que casi me voy a la tumba DE NUEVO (y luego procedieron a bautizarme, por si las moscas). Entre mis múltiples alergias están las fresas y los colorantes, por lo que en la época de consumo masivo de chizitos tuve el cuerpo permanentemente cubierto de ronchas. Uso lentes desde los cuatro años porque soy ciega como un topo. El sol es mi kriptonita y tengo piel rosácea. Mis piernas son chuecas debido a un acortamiento muscular en las rodillas. He tenido varicela. He tenido tifoidea. He tenido amigdalitis. He tenido fiebrones de cuarenta y he tenido alucinaciones. Tuve ciática. Soy hipersensible a la pseudoefedrina. Mis habilidades motoras son escasas y reducidas, por lo que casi fallezco en un accidente de patines a los quince años (arruinándome las vacaciones de invierno) y choqué mi Nissan Reggaetonero a los veintisiete porque no VI un MURO. Tengo canas desde los veinte años. Me salen moretones con extrema facilidad. Me duele la cabeza a menudo. Cuando duermo ronco, hablo, gimo, toso, balbuceo, me paro treinta veces para ir al baño y en los días especiales, me caigo de la cama. De cuando en cuando me dan espasmos en la traquea (y todos los días me dan espasmos en la pierna). A esto añádanle mi CERO sazón para cocinar, mi NULA capacidad de observación, mi PÉSIMO sentido del olfato y mi DEPLORABLE desarrollo motor grueso y tienen como resultado a la persona menos fit para el survival of the fittest.
Y, sin embargo, sobrevivo.
Y es que que, a pesar de que la evidencia no está a mi favor, me considero una persona bastante saludable. Le doy al alcohol con insistencia y aplomo y no siempre me como las verduras. Tomo Tang como loca y nunca me he privado de la mermelada. Tomo sol con irresponsabilidad extrema (pero usando mi protector solar de la NASA, factor 100). Me pinto las canas (a veces) y así como el hada madrina de la Cenicienta todo lo logra con solo decir bíbidi bábidi bu, yo todo lo arreglo con el secreto de mi éxito: las pastillas de prescripción.
Chúpate esa, Darwin.
Apuntes varios de mi mente desordenada:
* Hola, mi nombre es Mariella Villanueva y aparte de mis múltiples enfermedades sufro del síndrome del bloqueo de escritor ("Hola Mariella"). Me he leído todos los artículos habidos y por haber del tema y estoy en proceso de desalojarlo de mi cerebro. Deséenme suerte.
* "Genética" va dedicado a mi buen amigo Gálvez, el único (escúchenme bien, y siéntanse mal), el único amigo en Lima que me escribe cartas con regularidad. No tres o cuatro líneas misias. CARTAS. Y a mi me encantan las cartas. Este año, la salud de Gálvez ha sido precaria y es que sus 37 años ya le están pasando la factura. Pero igual le quiero. Mal.
* Mi manchi, Rocky.