domingo, abril 16, 2006

When I was fifteen going on sixteen

Hace un par de días, durante una eterna conversación con chelas, chicle de menta con extra duración y Zeta Rock & Pop surgió el tema de lo chibola que me siento y que si por mi fuera, este año no estaría cumpliendo 26 sino 16, a lo cual recibí un alentador "Nunca tanto...". En ese breve momento regresé a los 15, y dado el soundrack del momento, no pude sino recordar las esperadísimas fiestas de 15 y las aún más esperadísimas lentas.
Mis fiestas de 15 sucedieron en la transición de los aparatosos vestidos de tul y tafetán, los peinados batidos con esponjosos cerquillos, los cachetes bien colorados y las medias panties color clarísimo -como odio las panties y la palabra panties- y la nueva generación de vestidos sencillos, raya al costado y maquillaje muy a lo Rachel de "Friends". Tuve la suerte de ir a mi primer quince con un vestido granate lindísimo, mientras que otras amigas mías no corrieron tan buena suerte y llegaron vestidas de Princesa Barbie con enormes bobos rosados. A pesar de estas primeras discrepancias de atuendo, los quinces eran maravillosos. Jerry Rivera y "Casi un hechizo", las risas cómplices entre amigas, las miradas coquetas y las sacadas de teléfono en una época en las que no habían celulares, ni mails, ni messenger ni Hi5. Eran días de gileo valiente y frontal (los admiro, muchachos de mi generación) donde, o pedías decididamente el teléfono, o te olvidabas de esa persona para siempre. Toda una tragedia en panties color carne, algo por lo que los quinceañeros de ahora no tienen que pasar con tantas formas de comunicación que existen ahora, y que se seguirán inventando.
Sin embargo, los quinces de mi época tenían algo que no tienen las fiestas de ahora: las lentas. El momento más esperado de la noche. El momento en que por los parlantes salía "Stay" de Lisa Loeb o "Amazing" de Aerosmith y si una tenía la dicha de no "planchar", bailaba con algún joven galán con fierros, acné y corbata del Pato Donald. La posición, incambiable: los brazos estirados y almidonadísimos, los de ella sobre los hombros de él, y los de él cogiendo tímidamente su cintura. Si una era avezada, se colgaba del cuello del galán; si no, simplemente se movían como porfiados durante la canción evitando mirarse demasiado. Las lentas eran lo máximo. Mi primera lenta fue "Stay", y no me acuerdo del chico, ni de su cara, ni de donde era ni hacia donde iba. Solo me acuerdo del abrazo ese que te hacía sentir linda (cuando todos los espejos y fotos te decían lo contrario) y de Lisa Loeb cantándome al oído "you try to tell me that i'm clever, but that won't take me anyhow, or anywhere with you... and you say, stay".
Aún me estremece abrazar a alguien y escuchar una canción de esas que puedes cantar al oído, y mirar a los ojos, y sonreir y sentirte linda. Fifteen going on sixteen de nuevo.

(Psssst..... gracias a la persona que me dio la idea de escribir sobre esto, mientras escuchábamos Lady in Red en un viejo bar.)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Por cosas del destino, chekeaba mi página favorita arkivperu.com, salias en la tanta busqueda de google por el comercial de "ammen" ( estudio publicidad! )....a qué iba?... ya se! iba a que me entretniste, gracias (!) =)

Mariella dijo...

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Estoy en Google!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Dios, de pronto me sentí importante.
Para los que no lo han hecho: Entren a ArkivPeru.com, es una de las mejores páginas peruanas de los últimos tiempos...

David dijo...

Curioso: mientras leí este post sonó "Stay" en mi Winamp. En mi época de quinos ya no había lentas, pero pocas chicas tenían celular.

Mariella dijo...

es que los quinces tenían cierta magia. Sobre todo "stay".